El ‘carsharing’ rompe las reglas del ‘rent a car’

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En el mundo anterior a la irrupción del consumo colaborativo, las empresas tenían dos opciones para movilizar a sus trabajadores: comprar una flota de vehículos, y cargar con todos los gastos asociados que ello acarrea, o alquilarla durante dos o tres años y ahorrarse los costes de combustible, seguros y mantenimiento, ya que estos vienen incluidos en la mensualidad.

Ahora disponen de una opción más: alquilar los coches solo por las horas que vayan a usarlos. Es una fórmula que rompe las reglas del rent a car tradicional, ya que el usuario no está obligado a tener el vehículo un mínimo de 24 horas –aunque la mayoría de ese tiempo lo tenga estacionado– ni pagar suplementos por combustible una vez superado un límite de kilómetros. Este ya viene incluido en el precio.

El cliente tampoco tiene que acercarse a una oficina a firmar un contrato y recoger las llaves cada vez que necesite un coche. El carsharing funciona como un club de automóviles. Una vez que el usuario se da de alta en el servicio, puede reservar el vehículo desde su móvil u ordenador todas las veces que haga falta y abrir la puerta mediante una tarjeta.

El carsharing está ganando popularidad entre particulares, que encuentran en él una forma práctica y económica de moverse por la ciudad, pero también entre autónomos y pymes. Respiro, por ejemplo, tiene unos 12.000 socios, de los cuales el 40% son empresas.

El auge de este modelo ha puesto en guardia a los proveedores de renting, que empiezan a incluirlo en su oferta como una manera de anticiparse a un posible despegue de su demanda entre las grandes corporaciones.

Arval lanzó hace año y medio Ecomparte, una modalidad de carsharing en la que autos eléctricos se intercambian entre usuarios de una misma empresa, mientras que Leaseplan está probando un sistema similar en Luxemburgo.

Aunque ambos grupos descartan que estos movimientos respondan a una estrategia defensiva frente al surgimiento de start-ups como Respiro, Bluemove o ClickCar, reconocen que el carsharing es una tendencia que más adelante podría dar el salto del segmento de particulares al de empresas. “Hoy es un mercado de nicho, pero en cualquier momento puede explotar y queremos estar preparados”, afirma Manuel Gabás, director de operaciones de Leaseplan.

La firma se ha asociado con Avis para prestar servicios de carsharing a los empleados de PwC en Luxemburgo. En este caso, los vehículos son compartidos exclusivamente por los 2.500 trabajadores de la consultora, que pueden reservarlos a través de una web.

“PwC llegó a la conclusión de que necesitaba una solución de este tipo porque en Luxemburgo hay muchos atascos y problemas para encontrar aparcamiento”, explica Gabás.

Añade que, como este, en toda Europa hay casos puntuales de empresas que demandan soluciones de carsharing y a las que Leaseplan está dispuesta a atender, pero son todavía minoritarios. En España, están haciendo una prueba piloto dentro del grupo. Si funciona, podrían lanzarlo al mercado en 2015 o 2016.

En cualquier caso, aclara que ven en el carsharing un complemento al renting y no una competencia directa.

Arval coincide en que el coche compartido no es una amenaza, sino una oportunidad de negocio. “La economía compartida es una tendencia que se está expandiendo en todos los ámbitos de la sociedad, incluida la movilidad. Dar la espalda a este cambio de mentalidad es remar contracorriente”, dice Cecilia Boned, consejera delegada del grupo.

Ecomparte es la respuesta de Arval a ese cambio. “La flota se ubica en la propia empresa, abarca todos los desplazamientos y está siempre al alcance de los empleados. Además, es compatible tanto con el uso con fines profesionales como personales”, indica.

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