Crece la práctica del automóvil compartido en la Ciudad de México

Desplazarse de una manera sencilla, cómoda, asequible y sin perder una hora o más en el tránsito vehicular, es uno de los deseos de cualquier habitante de grandes urbes como la Ciudad de México. En el mapa de las metrópolis una de las tendencias que cada vez transita más por sus calles es el carsharing o coche compartido, que aporta beneficios al ambiente y la movilidad, en el uso eficiente de los vehículos motorizados, además de servir como un complemento a los sistemas de transporte público y transformar el concepto de propiedad al de compartir.
 
Es una alternativa para moverse en automóvil –sin tener que desembolsar en uno propio–, utilizado para trayectos muy específicos como, por ejemplo, realizar las compras del súper, salir por la noche, o ir a la escuela, pero en un periodo de tiempo determinado –por horas o por días–, a través del alquiler a precios accesibles, explica Xavier Treviño, director para México del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP).
En Europa, específicamente en Suiza, Alemania y Holanda, el carsharing surgió hace más de dos décadas, y en Estados Unidos desde hace poco más de diez años en ciudades como Nueva York.
Aunque en México la información es escasa, pues el uso del carsharing es reciente con una sola oferta (Carrot), hay datos provenientes de estudios realizados en Estados Unidos que coinciden con la experiencia europea, de que este sistema es eficiente y benéfico.
Treviño explica que por cada coche compartido se reemplazan entre cinco y 11 autos particulares, lo cual reduce de entre mil 500 y cinco mil kilómetros recorridos por usuario al año (entre 45 por ciento y 67 por ciento), además de una disminución de 0.5 a 1.2 toneladas de emisiones de CO2 por usuario en el mismo periodo.
Con el carsharing se logra que las personas caminen y utilicen más el transporte público en 30 por ciento, y la bicicleta entre 15 y 30, aproximadamente.
“La gente paga por un coche, que además es sinónimo de estatus, de éxito, y por ello, lo razonable es moverse en él lo más posible; pero con un esquema de
carsharing se utiliza menos, porque finalmente pagas por cada viaje, por kilómetro, y lo más importante es que te lleva a ser usuario de los demás sistemas de transporte urbano. En suma, se trata de un esquema muy bondadoso de movilidad sustentable”, dice.
En nuestro país será un proceso largo hacer que la gente que se puede mover en un vehículo sin que éste sea de su propiedad, y comprendan que sí podría funcionar, como pasa en Estados Unidos, para sacar de circulación autos y así aligerar los congestionamientos, pero se requieren tiempo y políticas públicas encaminadas a ello, reconoce el director de ITDP.
Y agrega: “en la medida en la que el carsharing sea sencillo, útil y no tan caro, la gente demandará el servicio, aunque no se tenga una conciencia ambiental. Eso es lo bonito de estos proyectos, reducen emisiones de CO2 así como la congestión vial, aunque no se tenga esa claridad como usuario, más bien lo elige porque le conviene y no es un asunto de sacrificio, porque nunca se ha planteado que así sea, es más por conveniencia y comodidad. Ése es su éxito, como sucede con EcoBici, no depende de la conciencia ambiental del usuario”.
Europa vive la segunda generación de carsharing (el caso más exitoso es Buzzcar, en Francia), comenta Treviño, donde las personas que tienen autos los rentan por un tiempo específico, por ejemplo, “si mi coche se queda estacionado lunes, miércoles y viernes, a través de un sitio web lo puedo poner a disposición para quien le convenga alquilarlo, bajo el esquema de que la propiedad es de un particular, sin la existencia de una empresa de por medio… el potencial del concepto compartir es altísimo y hacia allá van el mercado y también los inversionistas”.

Articulo de Lorena Rivera (Excelsior)

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